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Amigos para qué, Maldita sea


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[El título es de Luc. Editor de Paniko.cl. La crónica es de lo más. Ya ni me quiero ni acordar. En Paniko.cl...]

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Amigos para qué, maldita sea

Pasó la segunda vez que lo vi. Y fue más o menos así (lo he contado una buena cantidad de veces: siempre que les quiero narrar una historia memorable a mis amigas o un cuento para que los niños duerman, hablo de esto. Lo que pasó. Con lujo de detalles o una versión trasportada al medioevo. ¿Se lucirá tanto como cuando lo cuento? Veamos…).

Salí del colegio. Tenia preuniversitario ese día en Macul con Grecia. El recorrido de siempre: metro gratis, micro en Irarrázabal y ya. Pero ese día no tenia ganas de nada, no quería ir a meterme tan lejos, llegar tan tarde y seguir sin tener una cuota de vida.

forestal

/my name’s Rocío Novoa /i’m walking down the street /

Los Héroes, un bibliometro, un pc, un msn. Una chiquilla que quería trasformar su vida en algo nuevo, diferente y muy moderno. Un chiquillo que le presentó su prima en la biblioteca de Santiago estaba conectado. Me invitaba a un café, me invitaba a un café, me invitaba a un café y me invitaba a un café. Decía que no unas cuantas veces hasta que, creo que dije, “Ya. Es peor perderse sola que bien acompañada”, o algo así. Concertábamos reunión en 15 minutos en el teatro de la U. de Chile, en Baquedano. Hasta el día de hoy me arrepiento de no haber ido a Bellas Artes.

Me apoyaba en una de las murallas del teatro leyendo una biografía de los Rolling Stones creyendo que todo esto era el peor de los deja vú: hace poco más de un año había estado en lo mismo y los resultados habían sido desastrosos. Pasó un buen rato. De lejos lo reconocí.

Una de las primeras cosas que me dijo era que esa bio era una de las mejores que había. Lo decía con tanta propiedad… cada palabra sonaba asombrosa, lucía bien. No creía que era el mismo tipo que miraba hace unos días a mi prima con ganas de comérsela con papas fritas. Nada que ver.

Subimos por Providencia. Me preguntaba por qué me gustaba el HDP del que le comentaron la otra vez. De eso llegamos hablando al café literario. Estaba cerrado. Por suerte o desgracia. Caminamos por el parquecito. Pasábamos estación Salvador cuando me dijo que su primer beso lo había dado hace poco, estábamos en la pileta de las luces, mientras me contaba que lo habían cambiado por un estudiante de periodismo.

Está el río Mapocho, Av. Santa Maria a la derecha, un parquecito a la izquierda y a su vez otra avenida al lado. En la vereda de esta segunda avenida, caminábamos. Le pedí que me contara sus historias tragicómicas con las chicas. Sus ojos, su tono, sus manos, sus gestos. Todo conducía a una conclusión: a mi lado caminaba un chiquillo enamorado. Y enamorado bien. No como la perra de la Fanny, la última que le había roto el corazón.

No me di ni cuenta cuando estábamos en pleno Provi. Pasamos al Dunkin Donuts. Me pidió que le contara mi historia completa. Frente a frente, quietos, con la oportunidad de examinar acabadamente su rostro sin los vaivenes de la calle. Cosas empezaban a correrme por dentro. Era lindo, inteligente, simpático, sincero y dispuesto. Lo veía junto a mí cantando en el metro o acompañándome al fin del mundo. Y sin chistar.

Hablamos, salimos a un ciber. Hablaba con gente de su banda. Toca la guitarra y hablaban sobre el disco que grabarían para no me acuerdo bien qué. Hablamos con mi prima que nos contó que su mamá estaba en la clínica. Sin dudar iríamos a verla. Olvidé que debí haber ido a preu y todo lo demás también. Atiné nada más a llamar a mamá y preguntarle si podía ir a la Clínica. Me extrañó algo de sensatez entre la ensalada de cosas que tenía en la cabeza.

Ordenó que debía volver a casa. Bajo ninguna circunstancia podría ir a ver a la Tía. Le dije a mi acompañante que nos fuéramos en metro hasta U. Católica y que de ahí yo seguía mi camino mientras nos dirigíamos a la estación. Recuerdo claramente la publicidad en una micro de la campaña de north star. Salía un chiquillo diciendo “No le tocare un pelo a su hija”. Genialmente conectó al aviso de la micro con una de las frases más potentes de la historia (la magistral “¿Dejaría salir a su hija con un Rolling Stone?”) y su propia historia con una hija de pastores evangélicos.

En horario punta, la gente aborda trenes como sardinas en lata. Fue el momento más inquieto de la tarde. No, fue peor después. Cuando ya era hora de despedirse no eligió nada mejor: al salir del atestado tren me grito desde afuera ‘¡Puede ser el comienzo de una linda amistad!’.

hogar

hogar dulce hogar

No moví un músculo hasta, por lo menos, Estación Central. Ahi caché que me pasaron cosas. Muchas cosas.

Así fue. Todo era un total imposible. A él no podría gustarle tanto como a mí me gustaba. Con el tiempo las cosas y las circunstancias en las que se desenvolvían no serían mejores. Aunque fuera vertiginoso, ya no nos separábamos más.


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Ya. La artífice de todo esto

  • Nada más ni nada menos que la Totis
  • Desde Santiago, Chile
  • Tengo 21, estudio Periodismo en la Chile, me gustan los lomitos italianos, los chiches y discutir. Ah, y me gusta el rocanrol. Todo lo que huela, se vea y se oiga como tal.
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