¿En qué trabajaban tus papás? A mí eso siempre me lo preguntaron cuando era más chiquitita. Hasta hoy, cada persona que conozco hace la misma pregunta. No entiendo el interés que tiene la gente por saber que hace tu papi o tu mami cuando no están en casa. Quienes te hicieron, te criaron y se sacan la cresta por que seas alguien en la vida muchas veces no escogen el oficio que desempeñan. Uno tampoco, por dar un ejemplo, no tiene pito que tocar a la hora de elegir el colegio. Ya sea porque te lo eligieron cuando eras pequeña (por el prestigio, la excelencia académica y todo ese atado de frases que ponen en esos lienzos grandes como publicidad en las puertas) y hasta ahora no han dejado que emigres hacia algún otro acorde a tus actitudes o necesidades por la pura seguridad que les da que estés allí. "Mas vale diablo conocido que diablo por conocer". Esos diablos que llaman a tus padres a reuniones y con malas formas, les cuentan lo desastrosa que puede llegar a ser la juventud teniendo en sus filas a gente como tú: los que degradan la impecable labor de los buenos profesores. No todo el gremio es vil, perverso, estúpido. Bagdad, mi profe de cine, es lo mejor de la vida. Me exige y me trata mal en ocasiones porque sabe que puedo ser mejor. Y casi siempre logro el cometido. Y ella siempre queda en un altar, incólume, perfecta. Si ya le dije una vez, cuando escriba un libro se lo voy a dedicar.
Y como ella también esta ese profe, esa señorita, esa dama de la tiza y la pizarra que te ilumina el intelecto y los atisbos de conciencia. Están cuidadosamente seleccionados para favorecer a tales o cuales. Son una bendición y bien escaso.
Y se la sufren cuando nosotros, los estudiantes, los queridos alumnos los rajamos. Los descueramos con los peores epítetos, con los mejores insultos. Y les da lata porque, en definitiva lo que los lleva a soportar extenuantes horas de clases, revisiones, pruebas y todo lo demás es la pura vocación. Las puras ganas interiores de que el resto disfrute con lo que hace es tanto o muchísimo más valioso que la paga misma.
Uno cuando tiene cerca a alguien que vive y muere por su vocación y que se la juega cada día por ser mejor se da cuenta cuan valiosa puede llegar a ser la labor que desempeña y hasta pasas a ser defensor acérrimo de esa causa que crees capaz de mover montañas. Muchas hijas de profes se sienten mal cada vez que esos idiotas que solo se benefician del sistema educacional y no hace nada por él, se llenan la boca creyéndose capaces de cuestionar e insultar todo lo que sus padres arman con tanto fervor a diario. Lo mismo los hijos de carabineros cuando les toca escuchar esas atrocidades que ni imaginan que sus papis osarían hacer. Uno sabe mas que nadie lo que tiene al lado ¿no?
Entonces hay que empezar por respetar. Respetar si critican, respetar a la hora de criticar. Guardar las distancias o difundirlas si es lo necesario. Mis padres te vieron en una protesta, ¿en qué estaban los tuyos?
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